Chile. Dos vidas después del terremoto

Chile. Dos vidas después del terremoto

Todos tienen un antes y un después del terremoto en Chile. Las imágenes, las sensaciones, la desesperación y el sentir que la vida se terminaba en ese momento, para muchos resulta difícil de olvidar. Una parte de las víctimas del terremoto está en tratamiento psicológico desde ese momento. Aunque las que no tienen ese beneficio tienen que seguir adelante con lo que les quedó.

Herminda Ramírez Hernández vive en San Rafael, una localidad que se encuentra a 20 kilómetros de Talca, en la zona rural de la VI Región. Estaba durmiendo cuando sintió el movimiento de la tierra. ‘Dicen que fueron 2 minutos pero para mí fue interminable. Yo vivo con mis papás que tienen 80 años y son minusválidos y mi hija de 10 años. Soy separada, así que tuve que sacarlos a todos sola porque a mi hija le dio un ataque de pánico y no le llegaba el aire. No sé como hice pero los saqué. Cuando salimos nos dimos cuenta de que estaba todo en el suelo’, contó Herminda, a más de un mes de ocurrido el terremoto pero con la misma angustia del momento.

En donde vive, el 80% de las construcciones son de adobe. ‘Lo bueno es que mi casa es bajita, por eso se salvó’, sacó en conclusión. Todos en San Rafael estuvieron 5 días sin agua y sin luz. Después de eso, la luz y el agua llegaban ‘de a ratos’. El desabastecimiento y los sobreprecios hicieron que satisfacer las necesidades básicas fuera aún más complicado. ‘Empezamos a movernos en red. Nosotras somos un grupo de apicultoras que habíamos perdido todo porque se derramó toda la miel y después del terremoto las abejas quedaron muy estresadas, pero ya están empezando a producir por suerte’, agregó la mujer.

Hace dos semanas hubo un escrache al alcalde de la ciudad porque la ayuda que había llegado no se entregaba. ‘Nosotros veíamos que llegaban camiones con cosas pero a nosotros no nos entregaban nada –continuó Herminda. Estaban esperando el cambio de mando parece, porque es un municipio de derecha. Así que fuimos a hacer una manifestación’.

En San Rafael –según cuenta- muchas personas están enfermas del estómago por el agua que están tomando. ‘Hay muchas crisis de nervios. La psicosis va en aumento porque las réplicas siguen y dicen que va a haber otras más fuertes, entonces nos preguntamos: ‘¿Hasta cuándo?’’.

Uberlinda Quiroz es de Palomares, Concepción, Región del Bío Bío (VIII Región). Por aquella zona el desastre fue mayúsculo. ‘Tengo miedo. Me da miedo las cosas que se dicen: que se vienen más, que se vienen fuertes, ver todo lo que pasa en las calles a tanta gente. Pienso en qué nos espera. Tengo miedo. Toda la gente está con miedo’, fue lo primero que dijo.

Ube, como le dicen los conocidos, trabaja de nana (empleada doméstica) en San Pedro, a 45 minutos de su casa, pero ya no quiere viajar y le ha dicho a su patrona que buscará otro trabajo. Para ir a trabajar tiene que cruzar un puente, debajo del cual hay agua de mar. ‘Cruzar el puente me cuesta mucho, me da miedo que se salga el mar. Al otro día del terremoto vi como habían quedado atrapados los autos, así que tengo la sensación de que el puente se va a quebrar por tantos autos que pasan’, contó impresionada.

Antes del terremoto Ube era una persona alegre, a la que le gustaba bailar y compartir: ‘Ahora si salgo tengo que volver luego. Ver lo que pasa en la calle me afecta mucho, ver a los militares, ver los edificios derrumbados, las casas, los negocios cerrados, las calles como quedaron. Pienso que si me agarra mejor que me agarre en mi casa’.

Pero para ella, a diferencia de otra gente, lo importante es que todos sus seres queridos están bien y salvo.

Fuente: Artemisa Noticias.

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